¡Buenas noches!
Renazco de mis cenizas para obsequiaros con un relato dedicado a una persona muy importante para mi, a la cual le debía un regalo, y creo que no hay nada más original que una historia sobre ella.
He estado muy ocupada durante las vacaciones de invierno, y ahora con la vuelta al instituto incluso más.
Intentaré actualizar un poquito más esto, pero es difícil porque no encuentro el tiempo para sentarme y ponerme a escribir.
Espero que os guste este pequeño relato sobre la amistad, y disfrutéis a los que podáis de lo que queda de esta noche, para mi calurosa, de un jueves que dará paso a un maravilloso viernes, y con él, espero, un nuevo relato.
Together
Hace ya tanto tiempo, que no recuerdo exactamente el
modo en que la conocí. Recuerdo, que yo esperaba tranquilamente en el patio del
colegio a que comenzaran las clases como cualquier día de primeros de
Septiembre. Entonces reparé en una chica que consolaba a un chico que lloraba y
lloraba. No se parecían en casi nada, pero si prestabas atención, podías
distinguir que eran mellizos. Miré un momento, para luego seguir hablando con
mis compañeros.
En aquella época yo rondaba los seis años. Iba a
comenzar mi primer día en la escuela primaria, y estaba nerviosa, como todos.
Observé entonces que la chica que se encontraba con el niño, asistiría a mi
clase los próximos años. No reparé demasiado en ella, pero como niños que
eramos, entusiasmado por lo nuevo, fuimos a hablar con ella, a preguntarla. Se
podía ver que era una chica muy tímida. Hablaba muy bajito, casi no podía
oírla. Cuando le pregunté su nombre, no la entendí. “¿Cómo te llamas?... ¿Qué?....
¿Atracción..?” Finalmente conseguí entenderla. Su nombre nunca había sido
escuchado en aquella escuela por ninguno de nosotros, y me extrañó mucho.
Realmente, no me gustó nada.
Pasaron los años. Aquella niña hizo rápidamente
amigos. Podría decirse que eran un pequeño grupito dentro de la ya de por si
pequeña clase. Yo jugaba con mis amigos de siempre. Eramos un poco granujillas,
por lo que siempre nos estábamos metiendo en problemas y acabábamos castigados
casi todas las semanas. Llegó un momento, en que dentro de clase me sentí sola.
Demasiado sola. Harta de estar siempre de castigo en castigo, metiéndome en líos y que me riñeran siempre, quise cambiar mi comportamiento. ¿Y una niña de
ocho años pensaba eso? Pues sí. A veces hay niños que maduran demasiado rápido.
O, simplemente, tienen un lucidez de responsabilidad.
Analicé a cada uno de los asistentes a mi clase,
pensando cual podría ser la persona idónea con la que pasar el tiempo sin
necesidad de que nos castigasen, correteando y jugando a cualquier cosa. Los
niños con los que solía jugar en el recreo no creo que fueran buena elección
porque siempre nos estaban riñendo. Reparé en otra niña de la clase, que
también parecía estar un poco sola, pero con la que no tenía muy buena relación.
Seguí repasando toda la clase con atención, hasta que volví a reparar en ella.
Seguía llevando el pelo corto hasta la coronilla, con unas coletas altas que se
hacían las cuales quedaban muy graciosas. Estaba en ese momento sola. Así que me
acerqué, y la pregunté “¿Te apetece dar vueltas por el recreo?” Ella me miró. Tenía unos ojos que parecía que habían imbuido su iris en oro. Eran dorados
como el Sol, luminosos como solo los ojos de un niño pueden llegar a ser. No
recuerdo exactamente que respondió. Pero sé que a partir de ese día, no me
volví a meter en problemas, no me volvieron a castigar, y conseguí una amiga,
para espero que sea, toda la vida.
Vivimos miles de aventuras, anécdotas, enfados,
tristezas, y no solo con ella, sino también con todos los que nos acompañaron
en este largo y único viaje. Recuerdo las tontería que hacíamos en los recreos
después de la hora de la comida. Las historietas que podíamos llegar a
inventarnos en un momento y como podíamos representarlas. Recuerdo sus momentos
más graciosos, o los más irritantes. Era una llorona. Siempre llorando por
cualquier cosa. Costaba alcanzarla y consolarla por la tontería que fuera, pero
ibas. Son ahora muchos los recuerdos de lo que podría considerar una mejor
amiga. La primera mejor amiga que tuve. Pasó por momentos difíciles, que no
todos pasamos. Aún tras eso, superándolo todos, la sonrisa no se borró de su
cara. Nada comparado a lo que fue en su niñez…
Estaba
terminando de dar los últimos retoques a la carta cuando me sobresaltó una mano
en mi hombro. Me giré arrugando casi sin querer el papel donde había estado
escribiendo.
-¿Qué
haces?- Me preguntó ella.
-Nada.
-Algo
harás- Insistió.
-Ya…
ya casi ni lo recuerdo-Sonreí, mientras guardaba disimuladamente el papel en mi
bolsillo, y salía con ella de la clase.
Espero que haya gustado, y en especial, a esa persona importante para la que va dedicado. No he tenido demasiado tiempo para prepararlo, pero creo que es una forma bonita de expresar como te sientes cuando te das cuenta quien fue la primer persona verdaderamente importante para ti en la niñez.
¡Buenas noches gorriones!








No hay comentarios:
Publicar un comentario