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lunes, 4 de agosto de 2014

Vampiro


¡Feliz Lunes!
¿Que tal estáis? Hacía mucho que no colgaba nada nuevo en el blog, pero bueno, cuando la inspiración se va, se va jeje.
Hoy vengo a dejaros un pequeño relato, una introducción de lo que más adelante puede convertirse en una historia más larga, debido a un pequeño juego que estamos haciendo mis amigos y yo.
Asique bueno, aquí os dejo este pequeño relato ¡Espero que os guste!


Poco a poco la nieve comenzaba a cuajar, mientras mis ruidosas pisadas la hacían crujir por toda la calle. No se trataban de unas pisadas demasiado grandes, parecía más bien que un niño había correteado por allí momentos antes de que yo pasara. Con torpeza, debido a los guantes, saqué las llaves del bolsillo trasero de mi pantalón y me llevó tres intentos hasta que conseguí acertar en la cerradura de mi apartamento.
Me sacudí el montón de nieve que se había acumulado en mi flequillo, la única parte que no se encontraba escondida por el gorro. Pegué dos puntadas con los pies en la entrada para sacudir la nieve que se había reunido en mis suelas, y me saqué el gorro, tirándolo a un lado de la habitación. Revolví un poco mi corta cabellera dorada, adaptándome al calor de la casa, mientras me acercaba a la percha que se encontraba unos pasos más allá de donde había tirado el gorro. Colgué el abrigo, y me miré unos instantes en el espejo. No conseguía adaptarme a mi nueva apariencia, ni a mis nuevas habilidades, ni a nada de lo que era en ese momento. Mis ojos se habían convertido con el paso del tiempo en una nube gris, únicamente perturbada por una pupila ovalada, recordándome a la mirada desafiante de los gatos. Tampoco me acostumbraba a que estos se tiñeran de un color carmesí con el olor de la sangre. Sacudí la cabeza mientras le pegaba un puñetazo al espejo y lo rompía en pedazos. Me quedé atónita; tampoco controlaba demasiado bien la fuerza con la que había vuelto a nacer, y no me gustaba. Sentí como los colmillos se clavaban en mi labio inferior debido a la rabia y a la impotencia que emanaban de mí cada vez que pensaba en aquella noche.
Aquella noche cuando todo cambió.
Volvía de la escuela, tras pasarme tres horas seguidas ensayando para el acto de graduación, cosiendo los trajes y pintando el decorado. Mi casa quedaba bastante lejos del instituto, y acababa de perder el último autobús. No es que fuera una gallina, pero aquella zona por la noche se volvía muy peligrosa, y daba algo de miedo pasearse por allí. Sin embargo, mis padres habían salido a cenar como todas las noches de los viernes, asique agarré la correa de mi mochila y emprendí el viaje. Se oían a los perros ladrar, muy a lo lejos el aullido de los lobos, y el ulular de los búhos por los parques que tenía que atravesar. Sentía que alguien me seguía. Cada poco me volvía para tranquilizarme, y nunca había nadie, hasta que debido a mi paranoia me desvié totalmente del camino. Me asusté, muchísimo. Solo quería salir corriendo, pero si lo hacía, ya no podría volver a casa porque estaría totalmente perdida. Un hombre pasaba por allí, de unos 30 años. Me armé de valor y le pregunté donde quedaba la calle más cercana a la siguiente parada de autobuses. Él me dijo que era peligroso andar a esas horas sola. Se quitó las gafas de sol que llevaba, y lo último que recuerdo son unas grandes cuencas vacías donde deberían haber estado los ojos.
A la mañana siguiente, me desperté en un cementerio, sola, con el cuerpo agarrotado. Y sentí cambios: veía mejor, me movía con mayor agilidad, y mi piel se había vuelto pálida como la nieve. No sabía que me había pasado ni donde estaba. Un rayo de luz atravesaba las espesas nubes que lo ocultaban, y al pasar por allí, sentí como primero mis pies, y más tarde mis piernas ardían. Literalmente, prendieron fuego.
Entonces, el hombre de la anterior noche tiró de mí, y puso un paño sobre las partes afectadas por el Sol, y me dijo que nunca más podría volver a salir a la luz de este.
Que era un vampiro.
De pequeña nunca había creído en seres mitológicos ¿Hombres lobos? ¿Vampiros? ¿Sirenas? Simplemente eran cuentos para no dormir. Pero ahora me había convertido en una de ellos. Tras ello, rechacé mi antiguo nombre y adopte el de Rebecca.
Recogí los trozos de cristal del suelo, y me tumbé en el sofá. Había poco más que un sofá, una estantería repleta de libros, y una cocina en la nunca cocinaba nada, con una nevera vacía. Mi habitación, era lo que antiguamente se trataba de un estudio de revelar fotografías, sin ventana alguna, con solo una cama, en la dormía todo el día. Me levanté, me desmaquillé, y me pegué una ducha. Para cuando salí, vi por la iluminación de las cortinas que estaba amaneciendo, siseé un momento, y me dirigí a la cama. Allí, solo podía pensar en lo monótona que se había convertido mi vida. Varias noches, trabajaba como stripper en un club nocturno, en el cual podía conseguir comida gratis, debido a que su clientela eran desafortunados sin mucha familia.
Nunca me consideré una chica tímida, pero tampoco lo suficiente “fresca” como para acabar trabajando en un sitio de esos. Desde aquel día, dejé de ser una chica dócil y cariñosa, a no sentir nada por nadie, no querer relacionarme con la gente, y convertirme en una persona fría y calculadora. Aunque, cuando pienso en mi familia, aún me arden los ojos.
Observé el trozo de hielo que se encontraba en mi mesilla, ese hielo que nunca se derretía. Con un dedo, toqué la fría superficie y como si de arcilla se tratara, se convirtió en un arco hecho de hielo, un hielo duro como el acero.
Supongo, que lo único que me gustaba de ser vampiro era la capacidad de moldear el hielo a mi gusto.

¿Qué tal? ¿Entretenida? ¿Interesante? Bueno, realmente solo espero que os haya gustado, y que la hayáis disfrutado tanto como yo lo he hecho escribiéndola ^__^

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viernes, 10 de enero de 2014

Together

¡Buenas noches!

Renazco de mis cenizas para obsequiaros con un relato dedicado a una persona muy importante para mi, a la cual le debía un regalo, y creo que no hay nada más original que una historia sobre ella.
He estado muy ocupada durante las vacaciones de invierno, y ahora con la vuelta al instituto incluso más.
Intentaré actualizar un poquito más esto, pero es difícil porque no encuentro el tiempo para sentarme y ponerme a escribir.
Espero que os guste este pequeño relato sobre la amistad, y disfrutéis a los que podáis de lo que queda de esta noche, para mi calurosa, de un jueves que dará paso a un maravilloso viernes, y con él, espero, un nuevo relato.

Together

Hace ya tanto tiempo, que no recuerdo exactamente el modo en que la conocí. Recuerdo, que yo esperaba tranquilamente en el patio del colegio a que comenzaran las clases como cualquier día de primeros de Septiembre. Entonces reparé en una chica que consolaba a un chico que lloraba y lloraba. No se parecían en casi nada, pero si prestabas atención, podías distinguir que eran mellizos. Miré un momento, para luego seguir hablando con mis compañeros.

En aquella época yo rondaba los seis años. Iba a comenzar mi primer día en la escuela primaria, y estaba nerviosa, como todos. Observé entonces que la chica que se encontraba con el niño, asistiría a mi clase los próximos años. No reparé demasiado en ella, pero como niños que eramos, entusiasmado por lo nuevo, fuimos a hablar con ella, a preguntarla. Se podía ver que era una chica muy tímida. Hablaba muy bajito, casi no podía oírla. Cuando le pregunté su nombre, no la entendí. “¿Cómo te llamas?... ¿Qué?.... ¿Atracción..?” Finalmente conseguí entenderla. Su nombre nunca había sido escuchado en aquella escuela por ninguno de nosotros, y me extrañó mucho. Realmente, no me gustó nada.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Fly Away

¡Buenas Noches!

Para descansar un poco de mis estudios y demás, he escrito un pequeñísimo relato sobre un patito. Es muy cortito, porque realmente no quería hacerlo más largo, pero espero que os guste ya que es muy fácil de leer, y tiene un significado bastante bonito, al menos para mi ^_^


¿Recuerdas tus primeros pasos? ¿Tus primeras caídas? ¿Tus primeras sonrisas? ¿Tu primer amor?
En la vida recordamos muchas cosas, pero otras muchas salen volando y no reparamos que estuvieron allí hasta que algo se activa en nuestra mente y las hace volver de nuevo.

Es de ese modo como recuerdo a mi primera mascota. Hace mucho tiempo tuve un pollito. Un pollito muy bonito y dulce, el cual me seguía a todos lados y me veía como su mamá. Poco a poco ese pollito se fue haciendo mayor y se convirtió en un patito. Un pato grande y fuerte.
Cuando se hubo hecho mayor, y necesitó aprender a volar, le saqué al jardín, y debajo de la piscina le tiré. Le tiraba, él batía las alas y se caía al agua. Le volvía a tirar y se volvía a caer. Estuvimos así toda la tarde, pero no aprendió a volar ese día. Al siguiente volvimos a intentarlo, pero no funcionó.

Así pasaron los días, hasta que dejé de intentarlo. Lloraba por las noches porque pensaba que era por mi culpa porque él no podía volar. Porque le había domesticado lo suficiente para que no pudiera valerse por si mismo.
Una mañana, me desperté con las primera luces del alba, y miré a mi lado, donde solía descansar él, en su pequeña camita hecha a mano por mi.
Él no estaba. Me asomé a la ventana, y vi que en alféizar de esta, había dos plumas. Una de color verde oliva, y otra marrón avellana.
Comprendí, que lo que él estaba esperando para comenzar a volar, era una pareja con la que poder emprender el vuelo. Con la que poder emprender ese largo viaje llamado vida.

Espero que os haya gustado tanto como a mi escribirlo. 

¡Dulces sueños polluelos!

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martes, 22 de octubre de 2013

Kokoro

¡Buenas noches!

Como veréis, ya es un poco tarde, pero como tenía un poco de tiempo antes de seguir con mi rutina de estudio, decidí ponerme a escribir. Y me ha salido una historia, que en principio no quería que quedara de esa manera, pero hace tiempo que vi un vídeo con este mismo título en youtube, y no pude resistirme a plasmar el sentimiento del vídeo en papel. Así que aquí esta: 
Kokoro.

Corazón en japonés. Es una muy cortita historia, que no llevará más de tres minutos leérsela. La inspiración viene cuando viene, y bueno, como hoy he estado un poco ocupada, y ayer igual, pues así os entretengo un poco.

Esta semana tendré más tiempo para trastear con el blog, y escribir ya que con motivo de la huelga, y viendo que no vamos a dar clase, tendré más tiempo libre para dedicarme a ello. Es un poco de locos el tema de las huelgas, ¿Verdad? Nunca sabes si anteponer tus derechos a tu necesidad de asistir a clase, o al revés.
Yo siempre intento secundarlas, pero cuando hay necesidad de acudir a una clase, para mi es más importante a veces.

En fin, que me voy por las ramas. Aquí os dejo Kokoro, y espero que os guste :3

El suelo se encontraba lleno de engranajes, tuercas y tornillos, mientras el sonido de la llave inglesa retumbaba por las paredes de la sala. Era una habitación pequeña, lo suficiente espaciosa para abarcar una mesa de trabajo, una estanteria con proyectos terminados, y herramientas mal colocadas. Una silla llena de serrín se encontraba en un lateral, con la intención de que no estorbara a quién allí se encontraba trabajando.

sábado, 12 de octubre de 2013

Sacrifice

¡Muy buenos días!

Aquí vuelvo para colgar otra pequeña historia, también de hace bastante tiempo. En esta ocasión, esta pequeña historia iba a ser enviada a un concurso de escritura (De hecho, creo que se llegó a enviar) pero como veis, no llegó a mucho más.
Es el comienzo de una historia que aún pienso cómo seguir, o que enlazar con ella, pero que aún no consigo encontrarle una continuación adecuada.
Como viréis, a diferencia de la anterior, en esta se quedan muchas cosas en el tintero, y no explica del todo bien cada punto mencionado.
Las palabras que viréis, son de origen japonés, las cuales busqué su significado hace mucho tiempo, y como me gustaron, la añadí. Si tenéis curiosidad solo debéis que buscar el google su significado.
En fin, voy a dejarme de cháchara, y aquí os cuelgo el siguiente relato corto, un poco más extenso que el anterior, pero que espero que os guste.


Unos fríos pies hicieron crujir la nieve bajo un ligero peso, haciendo que su sonido retumbase por todo el claro. Aquel campo que antes había estado impregnado con la fragancia de las rosas y cada rincón había estado lleno de vida, se había convertido en un hervidero de sangre, frío y cruel, en el que solo se podía distinguir el hedor de la muerte.
Unas pequeñas manos pálidas como aquella nieve rozaron los pies con las uñas. Casi no se podían distinguir entre aquella nieve pura e inmaculada, pues su color de piel se fundía con el del hielo que pisaba.
Odette alzó la cabeza, con tal gracia que pareció ser un paso de baile. Estaba temblando. La única ropa que llevaba era un camisón tan blanco como el paraje en el que se encontraba. Tenía los rasgos finos y delicados, como los de una menuda niña pequeña. Los brazos que asomaban por los tirantes del vestido estaban llenos de heridas, líneas que aún sangraban y cicatrices. Al igual que las piernas, a las cuales se les sumaban numerosos moretones.
Su rostro estaba cubierto por largos mechones castaños, alborotados y desaliñados, los cuales tapaban los numerosos arañazos que se extendían por toda su cara. Su pelo, caía en cascada hasta el pecho, haciendo ver que muchos mechones eran más largos que otros.
De su espalda, sobresalían unas grandes articulaciones pringosas, huesudas, y llenas de sangre, cubiertas por plumas. Aquellas “Alas” podían hacerla elevarse varios centímetros del suelo.
Odette volvió a caminar entre aquella nieve, sin otra guía que una estrella azul que se clavaba en el firmamento, hermosa y a la vez terrorífica. Desprendía un calor fantasmagórico, que era el que hacia que Odette aún siguiese con vida, a pesar de ser una Datenshi.

viernes, 11 de octubre de 2013

Black Rose [Borrador]

Aquí estoy de nuevo 
para colgar esa pequeña obra con la que ir arrancando y poder engancharos a mi forma de relatar.

Black Rose se ambienta en un mundo ficticio, con personajes ficticios totalmente inventado por mi. Obviamente, como muchas obras, está inspirado en algo que en algún momento vimos u oímos. Mi inspiración fue hace mucho tiempo, una tira de cómic que dibujó mi hermana en el que un chico regalaba una rosa negra a una chica. El tema de esa historia no tiene demasiado que ver con lo que yo escribo, aunque no recuerdo demasiado bien cual era exactamente la historia de esa tira. Pero yo me quedé dándole vueltas, y esta historia salió sola de mi cabeza a mis dedos.

Esta historia no está hecha para que tenga una continuación, sin embargo, siempre pensé en darle un poco más de carne al asunto. De todos modos, sólo es un borrador, que si tiene un mínimo de éxito revisaré mejor y decidiré si está bien tal y como se encuentra ahora.
Bueno, ¡Basta de chachara! Aquí os dejo este corto relato de amor:

Hubo un tiempo, cuando aún los príncipes azules ni las damiselas en apuros existían, otro tipo de símbolo legendario adornaba las tristes vidas de las personas.
Una pequeña y frágil rosa del color del carbón, la cual denotaba una hermosa belleza que hacía a cada una especial y única.
Pero aquellas pequeñas muestras de cariño ya no se recuerdan. Nadie se acuerda ya de las historias que contaban las abuelas antiguamente, sobre la rosa negra que su amado le había regalado como muestra de su amor. Ya nadie se pincha con ninguna espina de esas rosas, impregnadas con el hedor de la muerte. Ya nadie siente aprecio hacía aquellas flores tan bellas.
Es verdad, nadie las echa de menos. Excepto yo, por supuesto. A lo largo de mi gran existencia, solo recibí dos rosas negras por parte del mismo hombre. Y no es que fuese algo sencillo, la verdad. No. Aquellas rosas solo podían ser tocadas una vez por persona. Si ese mismo humano, osaba poner las manos sobre otra de su misma especie, este moriría por el veneno que recorría sus espinas. Tan bellas y tan peligrosas.
Fue, claro esta, hace mucho tiempo. No existían ni los bombones ni los peluches como objetos para regalar. Si no que una simple flor bastaba para poder convencer a una mujer de casarse con el hombre que le había hecho el regalo. En aquel entonces, éramos demasiado ingenuas a nuestro pesar.

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