¡Buenas Noches!
Para descansar un poco de mis estudios y demás, he escrito un pequeñísimo relato sobre un patito. Es muy cortito, porque realmente no quería hacerlo más largo, pero espero que os guste ya que es muy fácil de leer, y tiene un significado bastante bonito, al menos para mi ^_^
¿Recuerdas
tus primeros pasos? ¿Tus primeras caídas? ¿Tus primeras sonrisas? ¿Tu primer
amor?
En
la vida recordamos muchas cosas, pero otras muchas salen volando y no reparamos
que estuvieron allí hasta que algo se activa en nuestra mente y las hace volver
de nuevo.
Es
de ese modo como recuerdo a mi primera mascota. Hace mucho tiempo tuve un
pollito. Un pollito muy bonito y dulce, el cual me seguía a todos lados y me
veía como su mamá. Poco a poco ese pollito se fue haciendo mayor y se convirtió
en un patito. Un pato grande y fuerte.
Cuando
se hubo hecho mayor, y necesitó aprender a volar, le saqué al jardín, y debajo
de la piscina le tiré. Le tiraba, él batía las alas y se caía al agua. Le
volvía a tirar y se volvía a caer. Estuvimos así toda la tarde, pero no
aprendió a volar ese día. Al siguiente volvimos a intentarlo, pero no funcionó.
Así
pasaron los días, hasta que dejé de intentarlo. Lloraba por las noches porque
pensaba que era por mi culpa porque él no podía volar. Porque le había
domesticado lo suficiente para que no pudiera valerse por si mismo.
Una
mañana, me desperté con las primera luces del alba, y miré a mi lado, donde
solía descansar él, en su pequeña camita hecha a mano por mi.
Él
no estaba. Me asomé a la ventana, y vi que en alféizar de esta, había dos
plumas. Una de color verde oliva, y otra marrón avellana.
Comprendí,
que lo que él estaba esperando para comenzar a volar, era una pareja con la que
poder emprender el vuelo. Con la que poder emprender ese largo viaje llamado
vida.
Espero que os haya gustado tanto como a mi escribirlo.
¡Dulces sueños polluelos!








No hay comentarios:
Publicar un comentario